Semana Santa en Andalucía

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Está claro que esta Semana Santa, cada uno estuvo en donde debía de estar. Unos en Roma, otros en Grecia y nosotros en Andalucía.

Fueron cuatros días de descanso y convivencia en tierras andaluzas. La casa de la familia de don Chema, en Jaén, nos acogió durante nuestra estancia allí y nos sirvió de centro de operaciones de los distintos planes que realizaríamos los siguientes días. En primer lugar a fuimos a Granada, donde los vientos del sur nos acompañaron a lo largo del Jueves Santo. Asistimos a los Oficios en la parroquia de San Miguel, visitamos la impresionante Alhambra y recorrimos los chiringuitos del centro histórico.

El Viernes Santo fuimos a Málaga, en donde pudimos ver algunos de los impresionantes Tronos (así se llaman los “pasos de Semana Santa” de esta ciudad), levantados al unísono por cientos de hombres que, como uno solo, llevaban a la Virgen y a Jesús por las calles de la ciudad. Para los Oficios fuimos a la catedral, la manquita, llamada así por su marcada personalidad andaluza.

Como una visita obligada, el sábado nos dirigimos a Córdoba, ciudad que en su día fue capital de la Hispania romana y Califato durante parte de la época musulmana. La visita a la Mezquita-Catedral nos dejó con ganas de pasar allí el resto del día, pero era necesario continuar. Al final resultó un día de visitas sin fin a multitud de rincones atrapados en el tiempo. Sin lugar a dudas, volveremos de nuevo a la que es, según muchos de los asistentes a la convivencia, la ciudad más bonita de Andalucía.

El día de Pascua lo pasamos con la familia de don Chema. Tuvimos misa campera y luego una excelente comida preparada por el padre de don Chema. Ese mismo día, visitamos Baeza, una ciudad muy bonita y acogedora. La noche culminó en el mirador de la Cruz, en lo alto del cerro de Santa Catalina, cerrando el viaje con una maravillosa vista de la imponente catedral de Jaén y de la ciudad.

En definitiva, cuatro días de descanso repletos de buenos planes y mejor compañía que convirtieron “sólo” cuatro días en “cuatro” grandes jornadas. Sin lugar a dudas, el empujón que nos hacía falta para afrontar con fuerza los los exámenes y acabar con buen pie este curso.